La investigación sobre la ingesta de grasas trans y saturadas y el riesgo de sufrir depresión reveló una relación dosis-respuesta, "así que cuantas más grasas trans se consumían, mayor efecto dañino causaban en los voluntarios", dice la investigadora Almudena Sánchez-Villegas, profesora titular de Medicina Preventiva de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, primera autora del trabajo.
El equipo, dirigido por Miguel Ángel Martínez-González, catedrático de Medicina Preventiva de la Universidad de Navarra, analizó también la influencia de las grasas poliinsaturadas -abundantes en pescados y aceites vegetales- y del aceite de oliva. "Descubrimos que este tipo de grasas más sanas, junto con el aceite de oliva, se asocian con una reducción del riesgo de sufrir depresión", añade Martínez-González, director del Proyecto SUN.
Los expertos advierten que en los últimos años aumentó la incidencia de la depresión, que afecta a 150 millones de personas en el mundo, donde ya es la principal causa de pérdida de años de vida en los países de renta per cápita media-alta.
Eso se debe, según Almudena Sánchez Villegas, "a un cambio radical en las fuentes de grasas consumidas en las dietas occidentales", ya que se han sustituido algunos tipos de grasas beneficiosas (poliinsaturadas y monoinsaturadas de frutos secos, aceites vegetales, y de oliva y pescados) por las saturadas y trans (carnes, mantequillas, panadería y pastelería industrial o comida rápida).