Niños del taller de música autóctona "El caracol" en Ixil, Yucatán, durante un ensayo. El maestro Moisés Hernández Sosa dirige la agrupación, que busca el rescate de la música ancestral

(1)
Una tarde en el pueblo de Ixil, cuando el pequeño Ángel Echeverría Pech pasaba a unos cuantos metros del quiosco ubicado en medio de la plazoleta principal, le llamó la atención el sonido de una "naturaleza desbordada: lluvia, pájaros, viento.".
Ángel se acercó y vio con asombro que los sonidos eran producidos por varios niños, casi de su misma edad, que tocaban caracoles, caparazones de tortuga, cañas bravas y otros instrumentos raros.
Interesado le preguntó al maestro Moisés Hernández Sosa si podía formar parte de ese grupo. Y así fue como se integró al taller de música autóctona "El caracol", que desde agosto de 2009 trabaja con niños en la plaza de Ixil, localidad ubicada a 46 kilómetros al noreste de Mérida, después de Chicxulub Pueblo.
Ángel se interesó en un principio por los caracoles, instrumentos que cambió al darse cuenta que era mejor ejecutante del tunkul.
"Me gusta lo que hacemos y lo que tocamos... hacemos sonidos de los pájaros, y de pasos y de viento", dice Ángel, quien con sus compañeros Wílliam Ek Pisté, Yeizvi Uicab Ávila y otros 15 menores más, recrea diferentes sonidos de la naturaleza: la lluvia, los pasos del venado y trinos de aves con instrumentos muy raros y desconocidos para la mayoría de la gente. Un bambú relleno de piedritas sirve para recrear la lluvia; los silbatos de barro, como los que se usan en finados, son ideales para imitar el canto de las aves; el tunkul, elaborado con madera hueca y que nada tiene que ver con los que se venden en las zonas arqueológicas, produce sonidos de pasos o golpes.- Jorge Iván Canul Ek
Tema: Arte y cultura