
(1)
De acuerdo con la investigadora Gilda Flores Rosales, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), las relaciones humanas se basan en cómo se comunican las células de los individuos.
Es así que las feromonas pueden o no ser percibidas, y si son reconocidas por el órgano vomeronasal se producirá una cascada de reacciones químicas y emociones.
"En los animales con el apareamiento se cumple una de las leyes de la naturaleza que es la reproducción; a través de las feromonas que ingresan por la nariz la hembra selecciona al macho con los mejores genes para la cópula".
En los humanos, lo que románticamente se conoce como el "flechazo de Cupido" entre dos personas tiene una explicación bioquímica: el órgano vomeronasal detecta la feromona y envía una señal al tálamo, el cual indica que se produzca feniletilamina (neurotransmisor de efecto estimulante) y con ello se inicia una cascada de químicos y emociones. El cerebro genera otras sustancias que inciden en el comportamiento, como norepinefrina, dopamina, oxitocina, serotonina y endorfina.
En la medida en que la cadena empieza a accionar, la persona suda, se entorpece el habla y el equilibrio, falta el oxígeno en la respiración, se acelera el ritmo cardíaco al grado que puede llegar a oírse, de ahí que se diga que es una sensación en el corazón; por si fuera poco, la visión se nubla, se afecta el oído momentáneamente, se activa el sistema digestivo y se sienten "mariposas en el estómago". Esto es lo que mucha gente explica como el enamoramiento.
Ahora bien, cabe destacar que la atracción bioquímica se agota, es decir, dura entre cuatro y siete años, lo que se puede interpretar como el lapso de vida de la pasión en la pareja.
La doctora Gilda Flores indica que se han encontrado 48 feromonas en los seres humanos, y cada persona tiene una mezcla de ellas, lo cual nos hace a todos diferentes.
Tema: Ciencia e Investigación
En contexto:
Amor | Distancia
"Se requiere una distancia máxima de 50 metros para enamorarse", asegura la doctora Gilda Flores Rosales.
Desde bebés
En los humanos, el olfato se usa desde el vientre materno. Los bebés al nacer no oyen bien, no ven nada, no tienen gusto y su tacto no es fino; si están inquietos se calman cuando reconocen el aroma de su madre.