La señora Celia González Cardeña platica con el Diario en su domicilio de la colonia Chuminópolis. Mañana festejará sus 101 años de de vida

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Hace muchos años el destino, o más bien su padre que le correteó a los cuatro novios que tuvo, hizo que Celia González Cardeña no conociera el matrimonio; sin embargo (ahora sí quiso el destino), eso no fue impedimento para convertirse en "madre" de cinco sobrinos.
Hoy esos hijos que la vida le regaló y a los que crió con tanto amor como si fueran propios le festejarán sus 101 años de edad mañana domingo, en su domicilio de la colonia Chuminópolis, pero antes escuchará misa como acción de gracias en la iglesia de Nuestra Señora del Carmen.
Doña Celia González dice que se siente feliz por su cumpleaños. Nació en Seyé el 29 de enero de 1911 y allí vivió 40 años hasta que su padre, Domingo González, se quedó sin trabajo y emigró con toda la familia a Mérida en busca de mejores oportunidades.
Nunca supo por qué su padre le correteó a los novios. "Era muy malo", considera, y es que incluso con uno se iba a casar, pero el sacerdote mandó preguntar a la familia si estaban de acuerdo con la boda y entonces el papá dijo que nadie se casaba. Celia no tuvo más remedio que despedir a su novio, que viajó a la ciudad de México, desde donde le envió dos cartas que ella nunca contestó porque "no tenía caso".
Recuerda que tanto ella como sus hermanos (Domingo, Juana María, María del Carmen y Olda) recibieron una educación muy estricta. "(Su papá) nos vigilaba y ni siquiera podíamos salir a la calle, cuando se enteraba que alguien había salido preguntaba quién y como no le decíamos, nos pegaba a todos".
Aun así permaneció con su familia en un pueblo donde, dice, no pasaba nada.
"Era un pueblo muy tranquilo". Recuerda que las diversiones eran la fiesta de San Bartolomé y el Carnaval, cuando la gente se vestía con trajes típicos. "Los carnavales no eran como hoy, ni siquiera había carros alegóricos, pero aun así eran divertidos".
Fueron muchas fiestas y carnavales que disfrutó en Seyé hasta que dejaron el pueblo. La familia primero se instaló en Cheumán y luego, en Chuminópolis, donde poco a poco Celia se fue quedando sola.
Al fallecer sus padres, su apoyo fue su hermano Domingo, quien tampoco se casó. Él trabajaba en una cordelería y ella bordaba y tejía. Esos oficios les ayudaron a mantener a los niños que fueron llegando.
Tras el fallecimiento de su hermana Olda, la centenaria se hizo cargo de Nilvia, de apenas tres años. Pocos años después, tras el fallecimiento de su sobrina Addy María González Vela se hizo cargo de los hijos de ésta: Salomé, de cinco años; Azael, de tres, y Guadalupe, de seis meses.
Tal vez por la forma como los trataba, también le encomendaron a su sobrino Gilberto (hijo de su hermana Juana) desde que era un bebé.
Su dedicación y amor hicieron que se ganara a pulso el título de madre.
Hoy todos son mayores y le han regalado la dicha de ser abuela de siete nietos.
Celia se dice contenta de su familia, que la cuida como un tesoro muy preciado. Está al pendiente de ella, a pesar de que, a su edad, la centenaria aún se vale por sí misma, aunque camina con la ayuda de un burrito. Pero eso no es impedimento para que siga costurando y tejiendo; tanto es el gusto que tiene por la confección y el bordado que ella mismo hizo el vestido que lucirá en su fiesta de cumpleaños.
Otra cosa que disfruta es el Diario. Después de su rezo matinal se dedica a leer todas las secciones. Cuando su hija Guadalupe llega del trabajo la acompaña a comer y le relata lo que acontece en la ciudad y el país.- Iván Canul Ek
Tema: Calidad de vida
En contexto:
Festejada | Recuerdos
La madre de la centenaria dama se llamaba MarÃa del Carmen Cardeña Manzanero.
Afición
Le gustan los perros. En su casa tiene un pitbull al que baña con ayuda de su hija Nilvia, por eso no es extraño que su programa favorito sea "El encantador de perros", con César Millán.
Secreto
Dice que no sabe cuál es el secreto de su longevidad, pues come de todo, le gustan los refrescos y de vez en cuando toma cerveza o vino "porque casi no me gusta". No padece enfermedad alguna, salvo achaques de la edad, incluso tiene buena vista pues a los 90 años la operaron de cataratas.