el macay en la cultura
En cualquier lugar, fuera de la ciudad, abrimos la ventana con expectativa e imaginación. El espectáculo natural no nos defrauda. Luego llega el deseo de salir, dejar las trazas de civilización y adentrarse y caminar, y subir a lo más alto o al mejor sitio, al mirador perfecto de ese medio natural atrayente, sea cual fuere, para vivir la experiencia, para ser parte del paisaje.
Magnético, inquietante, relajante, evocador. adjetivos sobran para describir un paisaje, más aún cuando ha sido elegido por un artista, atrapado y trasladado a un lienzo, un trozo de papel, una tabla. Conocido como todo un género en la pintura de cualquier formato, el paisaje tiene la particularidad de que el artista tiende incluso a especializarse en él y a querer dedicarse plena y exclusivamente a su ejercicio.
Y si bien Éric Pérez lo comparte con otros temas, en esta ocasión ha sido el motivo de su elección para protagonizar toda su serie titulada "Éric Pérez" que se presenta en las salas 4 y 5 del Macay como parte de la cuarta y última apertura de exposiciones de 2011.
El género paisajístico, creciente desde el siglo XVI ha acumulado en la historia exponentes fuera de serie como Patinir y Bruegel (ambos sin embargo solían incluir el elemento humano), Nicolás Poussin, Johannes Vermeer, Francesco Guardi, Antonio Canal "il Canaletto", en el siglo XVII y luego, en el siglo XIX numerosos artistas desde románticos hasta postimpresionistas. En México hay ejemplos notables de paisajistas como Joaquín Clausell, José María Velasco y Gerardo Murillo el "Dr. Atl" entre otros muchos.
Serenidad y nostalgia
Para la creación de la presente exposición Éric Pérez ha cedido también a esta tentación de atrapar un motivo tan vital como el paisaje, siempre en constante mutación para reinterpretarlo desde el tamiz de su proceso creativo y ofrecer una colección de visiones signadas por la serenidad y cierta nostalgia. Algunas visiones, no obstante, resultan inquietantes por la carga enigmática que poseen.
Las dimensiones de mediano a grande, la composición horizontal, el uso de la paleta clásica y el protagonismo dividido entre zona terrestre y celeste, aunados a la mínima aunque puntual presencia humana llevan, con apego a la reflexión y la mesura, a remitirnos a algunos comentarios de la hoja de sala, firmada por Daniela Lieja Quintanar, quien subraya que si bien el autor es un pintor de formación autodidacta: "Sabemos que la historia del arte, en específico la pintura y la literatura, ha acompañado a Éric Pérez en su producción artística como constantes fuentes de inspiración, dejando de lado su carácter académico...".
Reflexión
Así es como aquel pantano donde una blanca garza se yergue, solitaria; aquel mar bravo y revuelto, aquel crepúsculo violáceo y otras piezas más esperan al espectador para el reencuentro con un motivo perenne y con la reflexión de un autor que se replantea en estos tiempos el quehacer sobre un tema que podría considerarse agotado o sobreexplotado.
Muy revelador es el comentario del crítico Luis Carlos Emerich sobre una exposición anterior del mismo autor, titulada simbólicamente "Contra los apremios del siglo". Dice Emerich que aquella selección de obras podía ".gozarse tanto por su belleza formal como por propiciar la reflexión, desde que sugiere que los diferimientos del fin de la narrativa y, por tanto, del ilusionismo pictórico, han alentado más su resurgimiento que su desaparición".
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