Dr. Mario Alberto Del Villar Cervera *
Dr. Mario A. del Villar Cervera, heredero filial del Dr. Ramón del Villar Madrid, padre de la otorrinolaringología pediátrica

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Anécdota basada en un hecho real atendido por el Dr. Ramón Del Villar Madrid, mi señor padre, jefe del Servicio de Otorrinolaringología del Hospital Infantil de México "Federico Gómez" durante 46 años, fallecido en 1999 y "Padre de la Otorrinolaringología Pediátrica en México"
El lavado quirúrgico y antiséptico de sus manos era más que enérgico. Precisaba una efectiva y completa técnica estéril preoperatoria (antes de la cirugía) en la preparación confinada a la resolución del problema de Miguelito.
Aunque confiado en sus conocimientos, la mirada de "M" era profunda y seria; repasaba mentalmente paso a paso el procedimiento que estaba por efectuar. Su ayudante quirúrgica, una médico joven, mostraba una mirada fresca que reflejaban su lindos ojos azules, en tanto contenía mesuradamente la emoción de la experiencia que iniciaría en unos momentos.
Había estudiado varios días el caso y se documentaría en toda cuanta literatura médica a su disposición tenía, de este tipo de patologías.
Por su parte, el pequeño Miguel, quien contaba en ese momento con tan sólo siete años de edad, yacía ya inerte bajo los efectos de la anestesia en la mesa de operaciones.
Los estudios radiológicos confirmaban que la causa de la paulatina obstrucción de su nariz y los sangrados ocasionales, pero en cuantía considerable, los justificaba la presencia de una masa tumoral localizada en la parte alta y posterior de la nariz, precisamente donde la garganta y la nariz se juntan y que tapaba ambos orificios posterior de la misma. Todo parecía indicar que se trataba de un angiofibroma, tumoración caprichosa en comportamiento, evolución y sangrado.
Todo estaba listo en torno al caso; medicamentos especiales por si se necesitaban, y varios paquetes de sangre, que pudieran ser necesarios.
"M" entró a la sala de operaciones, en tanto su ayudante continuó con su antisepsia (lavado). Fue cuando se le ocurrió, antes que nada, solicitarle a su instrumentista un abrebocas para que, con su "dedo" quirúrgico de "rayos x", el índice, saludara al que pudiera convertirse en un feroz enemigo. Palpó la tumoración y la sintió firme pero desplazable.
¡Pinza! -solicitó. Ante el desconcierto de todos, le fue proporcionada. Entre pinza y dedo, desprendió la tumoración por completo. Nada de sangrado. Allí terminó la cirugía. Al entrar a la sala la residente se le informaba de que había concluido el procedimiento. ¿Es broma, verdad?, preguntaba. No lo era.
Tema: Aventuras del Dr. M