Cuarto de ejecución de reos, por medio de inyección letal, en un centro carcelario de los EE.UU.

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En la mayoría de los 35 estados que aplican la pena de muerte, una droga crucial para las inyecciones letales se ha agotado o está a punto de agotarse, establece un estudio de la agencia The Associated Press.
Y en muchos de esos estados, el uso de otra droga sería un proceso largo y arduo, jalonado de recursos legales que obligarían a suspender las ejecuciones.
La droga, un anestésico llamado sodio tiopental, se volvió tan escasa el año pasado que algunos estados tuvieron que posponer las ejecuciones.
Las demoras podrían extenderse al resto de las entidades en los próximos meses porque el único fabricante estadounidense de la droga resolvió que dejaría de producirla.
Los estados ya buscan otros proveedores o drogas para cumplir con las setencias.
"Se nos acaban las opciones", dijo el comisionado penitenciario de Misisipí, Chris Epps.
En la mayoría de los lugares no bastará un plumazo para aprobar otra droga: los estados tienen procesos regulatorios largos.
Además, un cambio de droga o de proveedor podría dar lugar a recursos de presos, quienes exigirían pruebas de que la nueva droga no causará sufrimiento, porque si lo hace, se violaría la prohibición constitucional de castigos crueles. Algunos reos ya presentaron esos argumentos.
"Todo será manejado en los tribunales", dijo Richard Dieter, del Centro de Información sobre la Pena de Muerte, que promueve su abolición.
"Algunas cortes exigirán pruebas y demorarán las ejecuciones hasta que el efecto resulte claro", precisó.
El sodio tiopental es un barbitúrico que se usa como anestésico en operaciones o para inducir el coma cuando un tratamiento lo requiere.
Los estados donde se aplica la pena de muerte lo usan como parte de un coctel triple.
Tema: Ciencia e Investigación