Hoy, 27 de enero, fiesta de San Enrique de Ossó nos unimos a su gozosa acción de gracias desde el Cielo por los 120 años de las hermanas teresianas en Yucatán. Junto con él repetimos: "¡Gracias infinitas a Jesús y su Teresa por las gracias que hemos recibido y por las que hemos de recibir!".
Al contemplar el paso de la Historia, en tanto tiempo y espacio, no podemos menos que sentir en la propia carne un misterioso asombro, y sobrecogimiento, como el que sintieron los pastores en Belén o los Magos en Oriente. Somos visitadas por la "entrañable misericordia de nuestro Dios", porque sin su amor compasivo sería imposible realizar la misión confiada. Experimentamos cada día la enorme desproporción entre la llamada vocacional de colaborar con Jesús en la obra de la Redención del mundo, y la realidad de nuestras pobres personas.
La misión es infinita y nosotras, como los apóstoles, ¡estamos llenas de limitaciones!, sin embargo, seguimos escuchando en nuestro interior la llamada a ser una prolongación de la humanidad de Jesús, una extensión de su cuerpo vivo en el mundo, y concretamente en esta amada tierra yucateca. Son la oración, la enseñanza y el sacrificio nuestro ministerio, y a través de él queremos que muchas personas conozcan y amen más a Jesús. Es por esto, queridos lectores y lectoras, que les pedimos se unan a nuestra acción de gracias, porque "Dios ha estado grande con nosotras y estamos alegres".
Muchas generaciones han pasado por nuestras aulas y aprendido lo importante que es abrirse a la trascendencia y dedicar al menos "15 minutos de oración diaria" para tener una relación personal con Jesús. Santa Teresa decía a sus amigos: "Tened 15 minutos de oración diarios y Jesús os dará el Cielo". Niños y jóvenes saben por experiencia, que la entrega total (sacrificio) de amor es lo único que nos hará felices y siguen así las huellas de esta gran santa, que nos invita a tener "una santa osadía" entregando con fortaleza toda nuestra persona a Jesús de Nazareth. Y por último, el ministerio de la enseñanza, con el que queremos transformar la sociedad y que absorbe muchos de nuestros desvelos. Creemos que a través de la educación de niños y jóvenes se puede formar la imagen de Jesús en sus mentes y corazones. San Enrique de Ossó exhortaba a los jóvenes formados en nuestros colegios y grupos apostólicos: "De ustedes depende que la sociedad entera sea de Jesucristo".
¡Cuánta vida y trabajo hecho y cuánto por hacer! ¡Tenemos una historia que recordar y contar, pero más que nada tenemos una historia que construir! Y en esta coyuntura de celebración de los 120 años, con el calendario maya que anuncia el fin de una época y el inicio de otra, queremos con muchos yucatecos y yucatecas sembrar la esperanza y tejer el futuro de que otro "mundo es posible", un mundo donde haya más justicia, donde todos sean respetados e incluidos, donde nos podamos enjugar las lágrimas unos a otros, un mundo donde la gente no muera de hambre y todos puedan saciar su sed con un poco de agua. ¡Soñamos con tiempos nuevos! Y por ellos "peleemos como fuertes hasta morir en la demanda" como dice Teresa.
Todos los que hemos recibido el espíritu teresiano somos herederos de los sueños, del fuego y la pasión de Teresa de Jesús y de Enrique de Ossó, de su audacia, realismo y humildad, de todo lo que les hizo fuertes y osados en sus respuestas. Ellos nos han contagiado que "el amor siempre está bullendo y pensando qué hará". ¡Ya es tiempo de caminar!