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Entrevista publicada por EL UNIVERSAL el 4 de febrero de 2003 a Miguel Nazar Haro.
MÉXICO, D.F. (EL UNIVERSAL).- Los dedos que por más de 30 años han señalado a los culpables de asesinatos, torturas, secuestros y desapariciones durante la guerra sucia apuntan hoy a un hombre que asegura saber muy poco de lo ocurrido, a pesar de ser considerado un actor central: Miguel Nazar Haro.
Por primera vez, el ex director de la Dirección Federal de Seguridad, el órgano de espionaje e inteligencia de los gobiernos de los 70, rompe el silencio y habla con EL UNIVERSAL sobre los crímenes en los que se le involucra y que lo han convertido en ícono del abuso de poder y de los regímenes represores y autoritarios.
Debilitado por una pulmonía que durante dos semanas lo ató a una cama de hospital, el creador de la agrupación policiaca que combatió a las guerrillas la Brigada Blanca asegura que apenas supo de la guerra sucia. Incluso, los ojos se le encienden cuando se le pregunta si ha matado. "¿Asesino? Nunca he matado ni una mosca y menos a un hombre". - ¿Torturó? se le insiste. Pues si me enseñan a torturar puede que aprenda responde.
Hombre de baja estatura, delgado, abuelo de 78 años, Miguel Nazar Haro se refiere también a la noche del 2 de octubre. Pero se aferra a su institucionalidad. Ese día, dice, "yo era agente y había un mitin en Tlatelolco; a mí y a otros nos dijeron ‘vayan a cubrirlo’.
Cuando se armó la balacera yo corrí y me cubrí en el recodo de la iglesia". Pero nada más revela.
Y del movimiento estudiantil afirma: "Supe que se inició en Francia, que se inició en México (...) Lo que todo mundo sabe".
Nazar Haro, pues, se dice inocente. Sin embargo esta semana deberá comparecer ante el fiscal que investiga la guerra sucia, Ignacio Carrillo, y decir lo que sabe.
- El policía que nunca supo nada
Por más de 30 años el nombre de Miguel Nazar Haro ha sido seudónimo de la casa del horror del sistema político mexicano. Arquetipo del policía político impasible, es una leyenda viva que el imaginario colectivo pinta de negro.
Físicamente débil por una reciente pulmonía que lo postró dos semanas en el hospital, Nazar Haro no luce hoy como esa síntesis del abuso del poder que durante largo tiempo se ha proyectado en él, del autoritarismo que reprimía y torturaba, y que lo tiene señalado como actor central en la llamada "guerra sucia" de los 70, por lo que tendrá que comparecer ante un fiscal especial esta semana. Nazar Haro es un nombre que todavía genera miedo.
- ¿Torturó alguna vez? Los ojos azul cielo de Nazar Haro se encienden. Pues si me enseñan a torturar puede que aprenda responde. - ¿Asesinó? ¿Asesino? Fíjese que nunca he matado ni una mosca y menos a un ser humano.
Muchos no creen en las palabras de Nazar Haro. Sobre de él irá el fiscal que investiga la violencia social y política de la "guerra sucia", Ignacio Carrillo Prieto, quien tiene sobre su escritorio las denuncias de asesinatos y torturas, y privaciones y desapariciones presuntamente cometidas por la Dirección Federal de Seguridad en los tiempos en que Nazar Haro fue uno de sus jefes.
Quien nunca ha oído hablar de Miguel Nazar Haro jamás podría imaginar que este hombre de baja estatura, muy delgado, cariñoso abuelo de 78 años, tiene en el equipaje de su vida los secretos de muchos de los episodios que construyeron el México del final del siglo XX.
Él ideó, fundó y organizó lo que se conoció como la Brigada Blanca, un conglomerado de policías que combatió a las guerrillas. Él refinó los sistemas de espionaje, de inteligencia y contrainteligencia en la Dirección Federal de Seguridad, de la que fue segundo en comando en la agonía del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, y la encabezó en el de José López Portillo.
También fue el enlace con todos los servicios de inteligencia que operaban en México durante la Guerra Fría, aliándose a la CIA y enfrentando sutilmente a la KGB, neutralizando movimientos armados extranjeros y coleccionando casos solucionados de secuestros y asesinatos de los empresarios y políticos más importantes de la época.
Pero Nazar Haro, sobre quien apuntan todas las armas de la reivindicación histórica y política de quienes resultaron afectados en la "guerra sucia", sigue sorprendiendo.
En una entrevista en partes, motivada por su estado de salud, el policía de policías accedió hablar por primera vez en EL UNIVERSAL sobre ese pasado aterrador aferrándose a su institucionalidad.
La clave de toda esa pesadilla mexicana se encuentra en el establecimiento de las líneas de mando. ¿Quién aprobó? ¿Quién ordenó qué? Las preguntas se le hacen a Nazar Haro: ¿quién le daba instrucciones? ¿quién le ordenaba? ¿quién le decía qué hacer en qué momento?
- ¿Qué presidente, secretario de Gobernación, secretario de Defensa, le autorizó formar la Brigada Blanca? Evasivo, respondió lacónicamente: "Siempre han querido involucrar al político en la seguridad y al de la seguridad en la política".
El Barón de Clemenceau decía que la guerra era demasiado seria para dejársela a los generales. Hay instituciones de seguridad encargadas de dar la seguridad, olvídese de los políticos.
- ¿No hubo políticos que financiaran o dieran apoyo logístico a las guerrillas? No.
- ¿Nunca hubo apoyo político a los movimientos armados? A mi nivel, no.
- ¿No hubo un rejuego por la sucesión presidencial en 1968? No me podía enterar de eso.
- ¿Y después no se pudo enterar? Ni después.
No hubo acuerdos, no busquemos culpables, no hagamos de gente inocente culpables. Busquemos explicaciones. No, ¿para qué un acuerdo de sucesión presidencial? Ni interés político ni nada de eso.
- ¿Qué sabe usted de 1968? Era agente, y había un mitin en Tlatelolco; a mí y a otros nos dijeron "vayan a cubrirlo". Eso fue el 2 de octubre.
Cuando se armó la balacera yo corrí y me cubrí en el recodo de la iglesia. Después me encuentro a Juan Ibarrola, el periodista; los dos nos refugiamos detrás de un coche. Estuve todo el tiempo con él.
Su esposa y sus hijos saben la historia porque inclusive después fui a comer a casa de Ibarrola. Esa fue su experiencia física y... Nada más. - ¿Y me puede platicar...? Nada más.
- ¿Qué supo usted después de todo el movimiento estudiantil? Realmente ¿qué sucedió? Supe que se inició en Francia, que se inició en México, que querían que el jefe de Granaderos fuera destituido, que el gobierno se entercó, que no les hicieron caso a los estudiantes, que todo empezó con la provocación de una escuela particular, con la vocacional. Lo que todo mundo sabe.
Nazar Haro es imperturbable. No regala un dato, una expresión, un gesto, un lenguaje de cuerpo que muestre sus debilidades. Después de todo, lo doctoró la vida en interrogación.
- ¿Y qué sucedió el Jueves de Corpus del 71? En el 71 era yo subdirector, cuando supimos de la manifestación y el enfrentamiento con el Departamento del Distrito Federal. Hay información escrita. ¿Y tenían conocimiento de Los Halcones? Nosotros no.
En México no hay una verdadera coordinación, de lo que haga el Departamento, de lo que haga la Procuraduría, no se sabe, no hay por qué saberlo.
- ¿Se enteraron después de la existencia de ese grupo? íAh, claro!, se enteró la prensa.
Es usted un hombre muy institucional se le insiste. Hasta la muerte.
- El comienzo de la guerrilla
Miguel Nazar Haro tenía muy poco tiempo de que, después de haber cuidado de los padres del entonces candidato a la Presidencia, Gustavo Díaz Ordaz, había sido asignado a un cargo mayor en la Dirección Federal de Seguridad. Pero antes de 1968, la turbulencia social se encontraba focalizada en el campo.
La guerrilla, sostiene Nazar Haro, comenzó con Genaro Vázquez Rojas y Lucio Cabañas en Guerrero, donde eran maestros rurales.
"Como maestro rural tenían derecho a un ascenso, querían ser... no sé... inspectores y el gobernador de Guerrero en esa época siempre los rechazó, los orilló, nunca los quiso escuchar", dice. "Se vinieron manifestaciones de apoyo, de padres de familia, de populares, de maestros, fueron reprimidos por el gobierno del estado de esa época y de ahí nació la idea de establecer una guerrilla". Era una guerrilla totalmente rural, pero, como alega Nazar Haro, "sin organización, un grupo de inconformes que se va a la sierra.
El tiempo les enseñó". En efecto, Vázquez Rojas murió en un oscuro accidente en una carretera cerca de Morelia, y su sucesor, Cabañas, en un enfrentamiento con el Ejército tras la liberación del candidato a gobernador de Guerrero, Rubén Figueroa.
- ¿Cómo acabaron con esos pocos guerrilleros? "Pues como actúan como guerrilleros rurales en diferentes partes se cometieron muchos delitos y además en el campo, en la sierra el Ejército tenía que controlar esa situación.
Secuestraron a Rubén Figueroa, antes habían secuestrado a otras gentes sin la menor importancia. Rubén Figueroa quiso llegar al estado poniendo paz porque conoció a Lucio Cabañas de chiquito y que él quería hablar con Lucio Cabañas, y fue hablar y lo secuestraron".
La guerrilla rural se extendió a Oaxaca, donde el gobierno reprimió al entonces rector de la Universidad, Martínez Soriano.
- ¿Usted sí actuó con Martínez Soriano en Oaxaca? "Yo actué contra Martínez Soriano, cuando era rector de la Universidad y en donde iba a abrir un frente guerrillero".
- ¿Por esa razón se actuó? "Por esa razón se actuó o se puso en paz, se formaron brigadas guerrilleras, tuvimos varios enfrentamientos, perdimos mucha gente hasta detener a este Soriano."
De Oaxaca salió el grupo Unión del Pueblo, que tras varios años de fusión con el Partido de los Pobres de Cabañas, dieron nacimiento al Ejército Popular Revolucionario, que todavía opera en México.
La muerte de Vázquez Rojas y Cabañas, junto con los movimientos estudiantiles en 1968 y 1971, llevaron gradualmente la guerra de guerrillas del campo a las ciudades. Sin embargo, hasta el intento de secuestro de Margarita López Portillo cuando su hermano José era presidente electo, no se vuelca la llamada guerra sucia a los centros urbanos.
Las denuncias recogidas por la Comisión Nacional de Derechos Humanos revela un salto cuantitativo en la represión en México en aquellos años.
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