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MÉXICO, D.F. (EL UNIVERSAL).- Sur de la ciudad. La casa es la de Miguel Nazar Haro, la cabeza principal de lo que fue la Dirección Federal de Seguridad (DFS). Su cárcel, desde noviembre de 2004, cuando fue trasladado del penal de Topo Chico, en Monterrey, para cumplir el arresto domiciliario.
Un número 62 de concreto, una puerta negra y amplia la hacen sobresalir. Un espejo de aumento para saber quién es el que toca el timbre. Adentro, del lado derecho el garaje y sobre la pared de éste un altar a la Virgen de Guadalupe.
De frente queda la escalera de madera. Hay que bajar para entrar a su hogar. Da la impresión de estar dentro de una figura geométrica de duela.
Una sala de estar hundida, una mesa de centro y sobre ésta, los retratos de boda de sus cinco hijos.
En otro nivel un pequeño jardín interno, lleno de plantas y entre éstas un tigre que representa el símbolo de la DFS: "Es un animal poderoso que no rehúye al peligro, ataca de frente, prefiere actuar en silencio y observa lo que otros seres no alcanzan a ver. Es intuitivo e inteligente. Rápido y seguro. Cauto y astuto. No es arrogante como el león, ni hiere por placer como el leopardo. Así debe ser el agente de la DFS", era el lema.
Hay una fuente en azul. Tras los cristales se mira una amplia terraza. El escenario es la cañada llena de casas. Más allá, del otro lado del cristal y como parte del escenario una especie de cabina con paredes de acrílico transparente.
Dos hombres toman café. Son policías que vigilan al arraigado.
- Simplemente... Nazar
El comedor es de 10 sillas. Las servilletas están delicadamente apretadas por un caracol nacarado. Los manteles individuales están forrados de concha nácar. Del lado derecho hay una vitrina con por lo menos 500 copas de finos cristales. Del izquierdo, otra vitrina con figuras de marfil y porcelanas.
Un trío de amigos está con él. Uno de ellos dice que se está ante un personaje muy importante. "Ni importante, ni personaje, soy simplemente María, como en aquella novela".
La frase "guerra sucia" le crea conflicto: Por qué sucia. Sucio el que te secuestra, el que te mata. Sucio el terrorista. Sucio el que mata al policía para robarle el arma.
Sus amigos le recuerdan en cada oportunidad que fue un hombre que salvó al país, que hizo bien su trabajo. En algún momento él dice: "Ya, ya". "Dónde están los derechos humanos de los policías muertos. Inglaterra, Bélgica y España me han condecorado... México también, por eso ahora estoy preso, esa es la mejor medalla".
Los amigos se marchan. El escenario ahora es una pequeña sala de estar con una mesa de madera cuadrada. Cinco pastillas en miniatura, sus medicamentos, y un vaso con agua sobre la mesa. Más allá de éste, se mira a un hombre vestido en beige con sus pequeños ojos grises y sus 81 años. Es Miguel Nazar Haro, el hombre que fue detenido el 19 de febrero de 2004, por el arresto y desaparición de Jesús Piedra Ibarra, integrante de la Liga Comunista 23 de Septiembre, ocurrida desde el 18 de abril de 1975.
- Me escogieron
¿Por qué piensa que la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (Femospp) lo aprehendió? Me escogieron a mí. No hay ninguna base. En lo único que se basa es en manifestaciones de personas con ideas extrañas a las nuestras, a nuestra ideología, que dicen que los martirizaba, que los golpeaba. No es cierto. Que me lo digan en mi cara. ¿Dónde y cuándo? ¿Por qué fui escogido? Para justificar qué. No hice nada en el pasado que no fuera mi obligación hacerlo. Yo no maté. Yo no torturé. Yo investigué. Localicé a los culpables y los metí en la cárcel.
¿Qué causó en usted la resolución? Me han acabado. Han acabado con mi nombre. Han enfermado a mi familia. Han acabado con mi prestigio, con mi honor y con mi persona. Es una injusticia completa que lleva tiempo.
Las injusticias llevan tiempo porque hay que demostrar que son injusticias.
Para obtener justicia el camino es corto, luego, luego se sabe si es uno culpable o no. La injusticia es muy larga, le buscan y le rascan. Me han acabado.
Esa injusticia nadie me la paga, ni habrá cómo pagarla y volver a luchar para que mi nombre se limpie ya es demasiado tarde. Ya soy un hombre grande.
Ya qué le busco a la vida. Lo que busco es la herencia para mi familia. Que escuchen que sí soy inocente. Lo saben, pero lo quieren oír.
- No soy culpable
¿En qué se ha convertido Rosario Ibarra para usted? Es una gran dama. Es una madre que perdió un hijo. Reconozco el dolor de madre. La compadezco porque ese dolor jamás se le va a olvidar, pero yo no soy culpable de lo de su hijo.
Yo soy culpable, como ella ha dicho, de ser afamado y porque debo saberlo todo. Yo puedo saber de usted lo que usted me quiera decir y usted puede saber de mí lo que yo le quiera decir.
¿Qué piensa de Luis Echeverría Álvarez? Para mi gusto, en su tiempo, fue un gran presidente.
¿Qué piensa de la Dirección Federal de Seguridad? Fue el orgullo más grande de mi vida haber pertenecido al órgano de seguridad de este país. Para mí es un gran orgullo, no lo olvido. Fue como mi hija, mal juzgada.
¿Por qué cree que la DFS sirvió al país? Porque en ese tiempo que se llamó guerra fría, los rusos y los estadounidenses optaron por dividirse el mundo. Entonces qué hizo Estados Unidos: proteger a los países afines a su ideología. Qu´é hicieron los soviéticos: infiltrar, lavar cerebros a jóvenes nacionales para agitar su país de origen y poderlos atraer hacia a ellos.
Qué es México: es un país de libertades. Es el país más rico del mundo porque tenemos toda la materia prima y otros países no. Este país es digno de defenderlo hasta con la vida.
Por eso la organización selecta de jóvenes que yo formé, me firmaban un acta secreta en la que se comprometían a estar dispuestos a dar la vida. Pasaron entrenamientos muy duros para ser hombres perfectos. Para mí es un orgullo haber sido director de la Federal de Seguridad.
¿Lo señalan como el torturador? Que me lo digan en mi cara. Dónde te maltraté y cómo te maltraté. Yo también puedo acusar de que me amenazaron, de que me golpearon. Las grandes mentiras dichas 10 veces, el que las escucha las convierte en verdad.
- No hubo crímenes
¿Qué dice de los crímenes de 1968 y 1971? No hubo crímenes, hubo enfrentamiento entre policías contra subversivos y delincuentes. Ellos morían con una credencial falsa. Los policías morían con su nombre. Por qué no me sacan la relación de todos los policías asesinados por la espalda para robarles la pistola.
¿Cuántos policías estima que murieron en esos años? De la División de Investigaciones para la Prevención de la Delincuencia (DIPD): murieron muchos. De la Judicial federal: muchos. De la Judicial del Distrito Federal: muchos. De la Dirección Federal de Seguridad por lo menos 20.
¿Era necesaria la mano dura? No había mano dura . Era según las circunstancias, si te reciben a balazos qué haces: te enfrentas a balazos. No había mano dura.
Eran investigadores de hechos delictivos si no para qué sirve la policía, que viva la anarquía mejor y que cada quien se defienda por su lado.
Yo suplico, pido sean respetados los policías, ganan una miseria, trabajan todos los días por el bienestar de la sociedad. Que les correspondan, que los alaben.
Quiero ver actualmente cuántos rescatados de secuestros declaran para dar las gracias a cualquier órgano de policía. Nadie. Ellos (los policías), cumplen y se callan.
¿Cómo piensa que lo percibían los agentes en la DFS? Había un total respeto. Todo el mundo ahí adentro oía hablar de Nazar y Nazar. Yo empecé en la calle como ellos, sabía cómo sufría un agente. Yo les organizaba un banco ahí mismo en la federal para que no hubiera problemas de que necesito dinero y voy a hacer una pillada.
De la cofradía del banco compramos juguetes y celebramos la Navidad con los hijos de los policías en mi oficina en el patio de la institucional.
¿Cuál es la diferencia entre la policía de hoy y la de antes? Los policías actuales son muy buenos, pero creo que tiene temor porque ellos por herencia conocen mi historia, y dicen, porque me lo han dicho, si eso le pasó al que fue casi nuestro líder, como me consideraban, de ser director a la cárcel, qué les puede esperar. Ellos mismos lo manifiestan, tienen miedo de progresar, de llegar a ser famosos. Quieren pasar en el olvido, pero realizan sus buenas comisiones, descubren secuestros, rescatan secuestrados. La policía sigue siendo buena.
Hace muchos años el servicio secreto fue reconocido mundialmente como la mejor policía en este país. ¿Qué hay con la actitud de la Femospp? La ley me tiene arraigado con base en el artículo 55 por mi edad y mi enfermedad. Si no existiera ese artículo, la fiscalía me tendría en la cárcel hasta que resuelva, pero yo le pregunto al fiscal (Ignacio Carrillo Prieto) que me demuestre qué bases sólidas tiene para tenerme procesado.
Él ha preguntado sobre mí al enemigo, pero que le pregunte a la gente que trabajó para mí. A lo mejor por ser hijo de extranjeros me procesaron, no entiendo, no entiendo.
¿Qué les puede decir a los que lo consideran un torturador? A la gente que piense que yo era un torturador quiero decirle que tenga un despertar. Y que ellos mismos vean mi paso por la vida, que analicen lo que ven y que analicen lo que han leído del pasado. Siempre fueron enfrentamientos, los que eran detenidos fueron consignados, por qué no murieron.
Estuvo nueve meses en el penal de Topo Chico, en Monterrey, ¿qué pensaba del sistema que lo encerró? Primero quería que se resolviera mi asunto y mi pasión fue defender a gente inocente, gente que había sido sentenciada a cuatro años de prisión por robar un kilo de barbacoa por tener hambre. Pero pensaba: qué injusto es esto. Qué habré hecho en la vida. Analicé mi vida y sentí que no merecía esto. Qué habré hecho en la otra vida, en la anterior, que venga a pagar ahora.
- Perdonar, un don
"No juzgué al país, no juzgué al patriotismo. Estaba enojado de la injusticia que me hacía un hombre, el fiscal, y para mi gusto le faltó tema de investigación o tenía que cumplir por el hilo más delgado. No, no, sé perdonar y saber perdonar es un don. No creo merecer lo que me están haciendo, no merezco lo que estoy padeciendo".
¿Qué esperar ahora? Espero mi libertad, espero que me dejen morir en la calle. Ya no conozco el Distrito Federal. No conozco las nuevas... estoy aquí encerrado, estoy aquí enfermo, que me dejen morir en una banqueta si quieren. Por qué tanto odio hacia mí. No he hecho nada malo.
Esta es la medalla de reconocimiento que México me da. No es México, las autoridades que me quieren juzgar por la vía maldita. Yo no soy malo, si así fuera tendría hijos drogadictos, borrachos. A todos los formé bien, y como formé mi casa, formé la Dirección Federal de Seguridad y ya.
La quijada le tiembla tras decir estas últimas palabras, los ojos se le hacen más pequeños. Luego se pone de pie. Camina de un lado a otro, no se halla. Quizás porque literalmente se siente como un tigre enjaulado.
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