MÉXICO (Por Nick Miroff y William Booth, The Washington Post).- Una vez finalizada la guerra en Iraq y la menguante presencia estadounidense en Afganistán, las empresas estadounidenses de seguridad buscan nuevos prospectos en México, donde la violencia ligada al crimen organizado crea creciente demanda de profesionales listos para el combate.
Luego de años de lucrativa labor en Medio Oriente y Asia Central, donde no faltaron incidentes de brutalidad y abusos, contratistas y firmas de seguridad privada de distinto tamaño y especialidad se ven atraídas por la batalla que se da cerca de casa.
Sin embargo, las restrictivas leyes de portación de armas que hay en México significa que los contratistas extranjeros deben entrar desarmados a una sangrienta guerra contra las drogas, al aceptar trabajos que van desde asesoría y entrenamiento a militares mexicanos hasta custodia de ejecutivos de empresas.
DynCorp International, con sede en Falls Church, Virginia, cuenta con vacantes en México para mecánicos e instructores de aviación.
La empresa de consultoría Kroll, de Manhattan, Nueva York, alquila especialistas antisecuestros para proteger a empresarios mexicanos.
La compañía MPRI, de Alexandria, Virginia, entrena a soldados mexicanos en técnicas de contrainsurgencia.
Atrae a estas compañías las crecientes sumas de fondos públicos y privados.
En noviembre, la oficina contra el narco terrorismo del Pentágono licitó más de 3,000 millones de dólares en contratos en todo el mundo, una parte de los cuales destinada a operaciones en México.
El departamento de Estado ha prometido unos 2,000 millones de dólares en ayuda para México a través de la Iniciativa Mérida, gran parte de los cuales a disposición de compañías estadounidenses que puedan ofrecer equipos o servicios al estado mexicano.
También ha crecido el gasto en seguridad de las compañías y el gobierno mexicanos.
Desde que el presidente Felipe Calderón desplegó al Ejército contra los jefes del narcotráfico en 2006, el número de firmas de seguridad privada en el país se ha duplicado. No obstante, según analistas, de esas empresas unas 1,400 están al día con sus documentos y unas 10,000 operan sin los debidos permisos.
Sin embargo, no obstante el potencial que hay en México para empleos altamente remunerativos, nunca igualará la bonanza que las compañías estadounidenses hallaron en Iraq y Afganistán. Para empezar, el dinero disponible para México no se compara con el flujo de efectivo destinado a las guerras de Iraq y Afganistán.
También está el asunto del Art. 27 de la Ley Federal de Armas de Fuego, que deben leer aquellos tentados a hacer la transición de Kabul o Bagdad a los barrios de México. En forma explícita prohíbe a los extranjeros la portación de armas en el país, lo cual desalienta a potenciales soldados a sueldo, a pesar de su creciente interés en el país, dijo Michael Braun, ex jefe de operaciones de la DEA hoy socio de la firma de seguridad Spectre Group International LLC.
"El gobierno mexicano no permitirá que los contratistas estadounidenses estén armados, y eso hará que muchas compañías ni siquiera consideren realizar trabajos ahí", dijo Braun. "El gobierno mexicano y la gente son extremadamente sensibles en asuntos de soberanía, y debemos respetar eso".
México ostenta una de las leyes de control de armas más estrictas del hemisferio, incluso en momentos en que los narcotraficantes acumulan un formidable arsenal de rifles de asalto AK-47, lanzagranadas y otras armas de tipo militar. Extranjeros que residen en forma permanente en México pueden obtener permisos para poseer armas de caza o la defensa de su hogar. Las leyes mexicanas prohíben a extranjeros trabajar como guardias de seguridad armadas o portar armas ocultas para defensa propia.
Eso enfría los ánimos de los contratistas estadounidenses que consideran trabajar en México, incluso aquellos que no laboran en forma directa en cuerpos de seguridad. Muchos contratistas son veteranos militares acostumbrados a tener por lo menos un arma para defensa propia, y dudan ante la idea de andar desarmados en zonas peligrosas como Ciudad Juárez o Nuevo Laredo-"Muchos me preguntan '¿Cómo vas armado ahí?', Y cuando les digo que no se puede, ellos no lo creen", sostuvo Rick Sweeney, director de Secfor, que brinda servicios de seguridad a ejecutivos de empresa en varios centros fabriles de México, la mayoría en la frontera.Sweeney manifestó que trabajó como contratista en Iraq hasta 2006. Hoy, todos sus empleados, unos 15, operan en México.
La mayoría son ex soldades de Gran Bretaña y Australia. Ninguna porta armas, por lo que trabajan en equipo con empresas locales con capacidad de respuesta armada."Todos piensan que si han trabajado en Iraq o Afganistán pueden hacerlo también en México, pero aquí es un juego de pelota distinto", comentó. "Yo no busco a individuos que son expertos con las armas o cintas negras. Busco gente que sepa planear y evitar problemas, más que abrirse paso a tiros cuando empieza un problema". No hay datos precisos sobre el número de contratistas de seguridad estadounidenses que trabajan en México. Reportes del Pentágono y el departamento de Estado señalan que EE.UU. extendió contratos para tareas antinarcóticos en México por más de 170 millones de dólares entre 2005 y 2009. "El gobierno de EE.UU. teme sobrepasarse, dada la bienvenida limitada que recibe en México", dijo Nick Schewellenbach, investigador del Proyecto de Supervisión Gubernamental, un grupo activista de Washington.