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Viernes, 27 de abril de 2012
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Sacrificios sin ganancias
El fracaso de las políticas económicas en Europa
Publicada:  22 febrero 2012

Paul Krugman(*)

Cartón de Turriza: Directito a la
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La semana pasada la Comisión Europea confirmó lo que todos sospechaban: las economías que supervisa no sólo no están creciendo sino se están reduciendo. No es, todavía, una recesión oficial, pero lo que importa es cuán profunda será esta desaceleración.

Y esta caída golpea a naciones que aún no se recuperan de la recesión pasada. Con todos sus problemas, EE.UU. ya superó al fin las cifras precrisis de su producto interno bruto; Europa no lo ha logrado. Y algunas naciones están sufriendo niveles de dolor de Gran Depresión: Grecia e Irlanda tienen caídas de dos dígitos en su volumen de producción, España tiene 23% de desempleo, la depresión en Inglaterra ha tardado más que la de los años 1930.

Peor aún, los líderes europeos -y bastantes jugadores importantes aquí- siguen casados con la doctrina económica responsable de este desastre.

Las cosas no tendrían que estar así de mal. Sin importar las medidas que se tomaran, Grecia estaría de todos modos en profundos problemas, y lo mismo vale, hasta cierto punto, para otros países en la periferia europea. Pero las cosas se pusieron peor de lo necesario por la forma en que los líderes europeos, y su élite gobernante, sustituyeron el análisis por la moralización, las lecciones de la historia por las fantasías.

Específicamente, a principios de 2010 las economías de austeridad -la insistencia de que los gobiernos reduzcan el gasto aún frente a elevado desempleo- se pusieron de moda en las capitales europeas.

Según esta doctrina, el efecto negativo directo de los recortes al gasto en empleos sería compensado por cambios en la "confianza", que los recortes salvajes llevarían a un aumento del gasto de los consumidores y las empresas. Las naciones que no hicieran tales ajustes afrontarían fuga de capitales y un disparo en las tasas de interés. Si esto le suena como algo que haya dicho Herbert Hoover está en lo cierto: lo es y lo dijo.

Ahora ya tenemos los resultados, y son exactamente lo que tres generaciones de análisis económico y todas las lecciones de la historia hubieran dicho que ocurriría. La confianza apenas si se ha aparecido: en ninguno de los países los recortes de gastos han generado los previstos efectos de un incremento del sector privado. Por el contrario, los efectos depresivos de la austeridad fiscal se han reforzado por el debilitamiento del gasto privado.

Más aún, los mercados de bonos se siguen rehusando a cooperar. Aún los alumnos más destacados de la austeridad, países que, como Portugal e Irlanda, han hecho todo lo que se les exigió, aún se enfrentan a altísimos costos para obtener crédito.

¿Por qué?

Debido a que los recortes al gasto deprimieron profundamente sus economías, socavando sus bases fiscales a tal grado que la proporción de deuda con PIB, el indicador estándar de progreso fiscal, está empeorando en lugar de mejorar.

En tanto, los países que no se subieron al tren de la austeridad -en particular EE.UU. y Japón- siguen teniendo bajos costos de crédito, desafiando las terribles advertencias de los halcones fiscales.

Entonces, ¿qué hará falta para sacar de su error al Caucus del Dolor, a esas personas en ambos lados del Atlántico que insisten en que podemos recortar el camino a la prosperidad?

En el caso de EE.UU. los sospechosos de siempre fueron los primeros en declarar muerta la idea de un estímulo fiscal cuando los esfuerzos del presidente Barack Obama no alcanzaron a generar una caída rápida del desempleo, a pesar de que muchos economistas advirtieron con anticipación que el estímulo era demasiado pequeño.

El punto es que se logró bastante con revertir la destructiva austeridad de los últimos dos años. Todo lo que el gobierno federal necesita para darle a la economía un impulso fuerte es brindar ayuda a gobiernos de nivel medio, permitiendo que recontraten a cientos de miles de maestros cesados, y reanuden los proyectos de construcción y mantenimiento que se cancelaron.

Entiendo que la gente influyente se muestre renuente a admitir que las medidas que consideró profundamente sabias en realidad fueron equivalentes a una locura destructiva total. Sin embargo, es tiempo de dejar atrás las creencias delirantes sobre las virtudes de la austeridad en una economía deprimida.

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*) Columnista de The New York Times

 



Tema: Artículos editoriales

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Comentarios (1)
Jose Manuel Ito Escribió: 23 de feb de 2012 12:41
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