En 1967 cuando tenía 17 años y apenas se iniciaba en la fotografía a Rogelio Cuéllar se le hizo fácil llamar al Centro Mexicano de Escritores y decir quiero hacer unas fotos al maestro Juan Rulfo.
La sorpresa fue que el propio autor de "Pedro Páramo" le dijo "pues hazlas".
"Entonces era un joven inconsciente", dice el fotógrafo cuya colección "Los rostros de la plástica" podrá admirarse a partir de hoy y hasta marzo en el Museo de Arte Contemporáneo Ateneo de Yucatán.
El fotógrafo presenta más de 100 obras de los artistas que ha fotografiado a lo largo de su carrera.
"Siempre está la inquietud de incluir a todos los que he fotografiado y serían 1,000 artistas plásticos en 40 años, es imposible, por eso puntualizo: no están todos los que son ni son todos los que están".
Nacido a la mitad del siglo pasado, el 4 de junio de 1950, Rogelio empezó a fotografiar desde los 17 años cuando entró a trabajar en el departamento de difusión cultural de la UNAM. "Para mi fue como un entrenamiento, un encuentro con un universo que no conocía de la cultura, literatura, teatro, danza y conferencias. "Mi trabajo era ir a fotografiar a los conferenciantes y las mesas redondas, entonces me fui involucrando en el universo y me familiaricé mucho". Y ya no tuvo que abordar a los artistas de improviso, pues su trabajo se lo facilitaba, y más cuando se fue haciendo de un nombre y se convirtió en fotógrafo fundador de La Jornada y Proceso, entonces ya habían posado frente por su lente Salvador Novo, Octavio Paz, Efraín Huerta, Jaime Sabines, Rosario Castellanos. Su acervo era, o más bien es, tan amplio que ha recibido una que otra llamada de editoriales preguntándole si tiene fotografías de José Vasconcelos o José Villaurrutia. "No, todavía no nacía", contesta.
Parte de estas fotos formarían parte de dos libros que está preparando uno sería "Los rostros de la plástica" y el otro "Los rostros de la literatura". Estos libros, asegura, tendrían cada uno por lo menos 500 fotografías. "Esto más que el gusto o placer de ver los libros, es parte de la memoria histórica fotográfica del México contemporáneo y eso es importante", señala el artista, quien considera su labor de fotografiar a los creadores contemporáneos es compromiso que se autoimpuso.
"Para mi es importante ponerse desafíos para no repetirse uno mismo si ya me quedó bien esto concepto hay que buscar otro", dice Cuéllar, quien se considera como el peor y más terrible crítico consigo mismo.
Otro desafío, considera, es la tecnología. "Creo en la nueva tecnología en el sentido de digitalizar mis negativos originales. El negativo es mi archivo que perdura y lo cuido mucho, por lo tanto tengo un archivo que es un acervo histórico contemporáneo importante".
Por lo demás no se dice tan afecto a ella y para nada utiliza el PhotoShop. "El uso y abuso del Photoshop no me gusta, ya ni sabemos si es virtual o real lo que estamos viendo".
Aunque tiene su cámara digital e incluso toma fotografías con ella, Rogelio aún opta por el negativo, "implica más trabajo, procesos mas largos, tengo mi laboratorio, pero es una pasión. Es como si a un pintor le pones la computadora y le dices píntame. Yo no creo a un Gilberto Aceves hacer eso, bueno si lo ha hecho él, sí ha jugado con la computadora, pero el embarrar óleos sobre lienzo, las manos con carbón es algo físico y es lo mismo el 'charolear' los negativos, ver la luz. Yo me considero de los nuevos arcaicos porque sigo trabajando con la luz, sales químicos, reveladores", apunta.- IVáN CANUL