Paso a paso se iba desarrollando la cirugía de Enrique, quien desarrollaría una enorme masa tumoral benigna, de origen infeccioso y genético, que invadía el oído izquierdo.
Merced a la "reducción microscópica", fenómeno que años antes habría descubierto el "Dr. M" y utilizada en pro de sus pacientes (ficticio), se iba haciendo campo paulatinamente internándose cada vez más en las profundidades de las cavidades mastoideas (cavidades en el hueso, posterior a la oreja), que encontraba infectadas y con abundante tejido de descamación (células de piel) que habían inmigrado a través de la perforación timpánica que mostraba su paciente y formado el agresivo colesteatoma.
Cuidando no lastimar el nervio facial, los conductos semicirculares (equilibrio), el seno sigmoideo (origen de la vena yugular interna y el techo del oído o piso del cerebro), en un espacio milimétrico continuaba su delicada y minuciosa inspección, y la liberación por disección y aspiración del enemigo: la masa tumoral del colesteatoma.
Se impresionaba de la capacidad destructiva de ese "monstruo"; los huesecillos del oído izquierdo, en particular el martillo, sumamente cariado (destruido), tuvo que extirparlo. El yunque (segundo hueso del oído) se apreciaba menos lastimado. Tomó la decisión de retirarlos con la finalidad de poder explorar completamente la cavidad timpánica y particularmente los recovecos múltiples donde el colesteatoma podría también arraigarse (fijarse).
De pronto se encontró con la segunda porción del nervio facial, que por fortuna se encontraba íntegra, y aunque relacionada con la masa colesteatomatosa, no estaba dañada. Fue en exceso cuidadoso para despegarlo de él y comprobó su integridad con los microsensores del estimulador nervioso incluido en la cápsula DM1.
Las maniobras por momentos eran muy difíciles y "M" hacía todo por mantener la estabilidad del micro vehículo donde se transportaba. La limpieza de toda la cavidad tardó, pero "M" quedó satisfecho con su procedimiento; decidió realizar una gran cavidad para "radicalizar" (realización de una cavidad grande), es decir, barrenar también la pared posterior del conducto auditivo externo para formar una cavidad común, en virtud de favorecer una buena ventilación de la zona operada con la finalidad de favorecer las condiciones para que el problema no se repitiera.
"M" terminó el procedimiento. realizando una ampliación del orificio del oído izquierdo para ayudar a la ventilación de la cavidad y cerró todas las heridas con suturas y un material especial adhesivo que mejora la cicatrización.
Enrique evolucionó favorablemente y la "bomba de tiempo" que traía por años fue desactivada y retirada.