WASHINGTON, Estados Unidos (AP).- El presidente Barack Obama cerró un año de confrontaciones políticas con un triunfo, al lograr que se prolongara un recorte de impuestos para millones de estadounidenses. Pero el buen momento del mandatario sería difícil de sostener en el próximo año electoral.
La victoria de Obama en la disputa fiscal con los republicanos en la Cámara de Representantes eclipsó el carácter cada vez más disfuncional de Washington y el lento progreso de la economía bajo el gobierno actual.
Obama partió el viernes rumbo a Hawai, con la imagen de un presidente que ha recuperado el control de la escena política.
Dejó como última impresión del año sus gestiones para lograr que se extendiera por dos meses un alivio al impuesto de nómina, después de que los republicanos en la cámara baja cedieron en las exigencias de un acuerdo de mayor plazo.
Pero en este tema, como en muchos, Obama tiene mucho trabajo por hacer en el próximo año, justo cuando los votantes comenzarán a elegir un candidato republicano que desafiará al presidente en los comicios.
Inicialmente, Obama había buscado extender por un año el recorte del impuesto a la nómina por la Seguridad Social y las prestaciones a los desempleados. Obtuvo sólo dos meses de prórroga en ambos, porque el Congreso no pudo ponerse de acuerdo sobre la forma de pagar los gastos sin afectar sus propias prioridades políticas _el mismo problema que se espera en varias partes durante las semanas por venir_.
Aunque Obama considera un ``formalismo'' la extensión por un año, el asunto no sería tan sencillo en lo político. Así, el mandatario instó al Congreso a trabajar ``sin dramatismos ni demoras'' cuando regrese de su receso.
Todo el escenario recuerda el de hace un año, cuando Obama y los demócratas se llevaron una paliza en las elecciones legislativas pero el mandatario también fue a sus vacaciones en Hawai con una nota positiva.
En una conferencia de prensa, Obama se mostró entonces jubiloso y afirmó que había tenido una ``temporada de progreso'', luego de obtener victorias legislativas, incluido el rechazo de la prohibición a que los gays prestaran servicio en las fuerzas armadas si habían revelado su orientación sexual, así como la aprobación de un nuevo tratado nuclear con Rusia.
Pero el progreso duró poco. Obama volvió a Washington en enero para enfrentar a un Congreso dividido y a un Partido Republicano dispuesto a empujarlo al límite.
Esta vez, Obama se va sin responder preguntas de la prensa. Con ello, garantizaría que no se altere el mensaje de que él se llevó una victoria y que los republicanos capitularon en la Cámara de Representantes.
De haber hablado con los periodistas, Obama hubiera tenido que hablar seguramente sobre la violencia en Irak desde el retiro de las fuerzas estadounidenses o sobre sus propios tropiezos en el tema de un oleoducto, incluido en el acuerdo fiscal.
Obama, por lo pronto, ganó quizás la batalla de los mensajes en diciembre, impidiendo que subieran los impuestos para 160 millones de estadounidenses.