MÉXICO (Notimex).- Vehemente y apasionada fue la entrega de "Elisa y sus amigos", gala que anteanoche se presentó en el escenario del Palacio de las Bellas Artes, a cargo de la bailarina mexicana Elisa Carrillo Cabrera y una pléyade de estrellas originarias de diversas naciones de América y Europa.
A través de un vídeo y a manera de bienvenida al público que llenó al tope la Sala Principal de Bellas Artes, la primera bailarina del Ballet de la Ópera de Berlín, nacida en Texcoco, Estado de México, aseveró que "mientras más lejos estoy más valoro lo que tengo acá en México".
Elisa Carrillo destacó que estar en Bellas Artes "es hacer realidad un sueño", y externó su beneplácito por el reconocimiento que tiene en su país al ofrecer la "Gala de estrellas: Elisa y amigos. Los apasionados de la danza", junto a las grandes figuras de los ballets Bolshoi, Kirov, Berlín, Stuttgart y Nueva York.
Rodeada de amigos, bailarines, coreógrafos, maestros y toda clase de personas del mundo del ballet, la bailarina agradeció a su país y al Instituto Nacional de Bellas Artes, que dirige Teresa Vicencio Álvarez, por el apoyo que siempre le han dado.
"Espero que el público salga de aquí contento. Esa es la pasión que tengo.", señaló, y las luces se apagaron para dar paso al espectáculo. A cada número, un aplauso. A cada interpretación, una prolongada ovación. El inmueble palpitó como pocas veces desde su apertura, en 1934.
Las estrellas
Vladimir Malakhov, Mikhail Kaniskin, Iana Salenko, Dinu Tamazlacaru y Nadja Saidakova, bailarines del Ballet de la Ópera de Berlín, acompañaron a la bailarina mexicana, egresada de la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea del INBA, plantel que "siempre lleva en la mente".
También Semyon Chudin, del Ballet Bolshoi; Ashley Bouder y Jared Angle, del New York City Ballet; Evan McKie, del Ballet de Stuttgart, y Anastasia y Denis Matvienko, del Ballet Kirov, actuaron con y para la estrella mexicana en un programa fino, confeccionado con la delicadeza de quien hace un pastel.
El programa estuvo integrado por coreografías que tienen un significado importante en la vida de Elisa Carrillo, es decir, obras de Marius Petipa, Jean Coralli, Jules Perrot, Edward Liang, John Cranko, Mauro de Candia, Edward Clug, Christian Spuck, William Forsyte y George Balanchine, sus ídolos de siempre.
Uno de los momentos cumbres fue el estreno mundial de la pieza coreográfica "La llorona", original de Xenia Wiest, con música en vivo a cargo de la soprano Gloria de la Cruz y Los Trovadores de Rogelio Gaspar. Obra muy querida porque al estar lejos de México, la bailarina reconoció que le toca el corazón.
La "Embajadora de la cultura de México", como la declaró recientemente la Cámara de Diputados de esta nación, vio cumplido su sueño. El público la vitoreó hasta el cansancio y, luego, lo menos que las autoridades culturales le ofrecieron fue una cena de gala, con amigos y familiares, ricas viandas y vino.