Estamos inmersos en un gobierno de derroche, opacidad, desvío de recursos, autoritarismo, egolatría, de abusos, con sobreendeudamiento, proyectos abandonados y escándalos de corrupción en el agro y en proyectos avalados con empresas y facturas fantasmas. Y esto se agrava en el último de sus cinco años.
Para la Coparmex es un "quinquenio perdido". El representante de este organismo empresarial critica duramente a este gobierno, exhorta a dejar la apatía y, ante las elecciones que se avecinan, a escoger mejor a las autoridades; y algo importante: en una autocrítica, en forma contundente señala que es momento para "que los empresarios dejemos de alabar en público lo que criticamos en privado, porque ya vimos que esto no le trajo nada bueno a Yucatán".
Es lamentable que un gobernante no responda a las expectativas y necesidades de la población. Miramos a los candidatos y escuchamos sus promesas; en muchas ocasiones éstas son imposibles de cumplir, pero nos dejamos llevar por la esperanza, el discurso y la figura. Como el tren bala que muchos pensaron que sería una realidad y ahora vemos que ni siquiera dos hospitales de importancia en el interior del estado se terminaron.
Hubo abandono de proyectos y dispendio. No se corrigió el rumbo. Se maquillaron cifras, se guardó silencio y los desvíos y el derroche en la promoción de imagen de la gobernadora siguieron. Y si el dinero se agotaba, estaban los préstamos a los bancos o las peticiones a la Federación.
El nepotismo, el amiguismo y el compadrazgo son elementos presentes en la actual administración estatal. En vez de ayudar esto ha perjudicado sobremanera. Es natural que surja la ineficiencia y el abuso del poder para integrar a la nómina a más conocidos, y el aparato burocrático se infla en detrimento del erario y la productividad.
Estos amigos y familiares han aprovechado el momento político para adjudicarse terrenos y residencias; la gobernadora dio el mal ejemplo al adquirir cientos de hectáreas de tierras en su natal Dzemul a precios irrisorios. Otros han incrementado su capital con proyectos tecnológicos o compraventa de material respaldados con facturas de empresas fantasmas. Funcionarios del actual gobierno se benefician de todo este enredo y despilfarro económicos.
Nadie exige que se investigue, más que los ciudadanos y las personas que ven que el estado retrocedió en diversos aspectos. Las autoridades guardan silencio y la complicidad los hermana en acuerdos politiqueros que sólo frenan el avance del estado.
Por eso es importante ahora, con el doloroso aprendizaje, mirar con detenimiento a los candidatos, escuchar sus promesas, discursos y, sobre todo, sus compromisos. Ya no podemos dejarnos llevar por las palabras hermosas, por la demagogia que tanto hemos escuchado. ¿Qué queremos para el estado y su capital: más de lo mismo o renovación, algo diferente?
Estamos en un Carnaval gubernamental donde los excesos, los abusos y el despilfarro están a la vista, cubiertos con máscaras de ineficiencia, nepotismo, opacidad, hermetismo y corrupción. Es tiempo de que los ciudadanos quiten esas máscaras a las comparsas que están en diversas dependencias llevándose el erario.
Hay que terminar con este carnaval de cinco años. Los ciudadanos tenemos la palabra: ¿queremos más disfraces de lo mismo, o rostros comprometidos y decididos a sacar adelante al estado y a la ciudad capital?- Mérida, Yucatán.