Antonio era el paciente que se encontraba bajo exploración microscópica de la nariz. Los problemas infecciosos afectaban la nariz y los ojos, principalmente el izquierdo.
Los antibióticos y antiinflamatorios habían permitido una aparente "calma" clínica. Concomitantemente, la reducción molecular le permitiría al "Dr. M" explorar las fosas nasales; la derecha estaba normal; la izquierda, con una obstrucción por desviación del tabique de la nariz (pared que divide las fosas nasales).
En virtud de los problemas oculares, particularmente del lado izquierdo, es que se había planeado introducirse por el conducto lacrimo-nasal (conducto que une la nariz con el ojo), cuyo orificio se encuentra por debajo del cornete inferior (en el llamado meato inferior), para explorar su trayecto y comprobar su permeabilidad.
Zona obstructiva
Una vez localizado, "M" fue ascendiendo y, para su sorpresa, encontró una zona obstructiva fibrosa (cicatriz), que muy probablemente era producto de las infecciones reiterativas de la nariz y los senos paranasales (sinusitis). Apreciaba humedad y lubricación en las paredes del conducto en tanto continuaba su trayecto, muestra de que pasaba algo de lágrima; no obstante, el flujo estaba reducido a una mínima expresión.
Por supuesto, pensó, que allí yacía la explicación de la epifora (lagrimeo) del paciente. Al no encontrar un drenaje suficiente, la lágrima buscaba salir por el párpado. Localizado el defecto obstructivo, "M" decidió emplear dos de sus micro-procedimientos.
Por un lado, liberaría la parte circundante de la obstrucción, con una microfresa (barrenado) y, en forma coadyuvante, utilizaría el microláser para terminar de liberar la zona fibrótica (cicatriz) y lograr su objetivo.
Paulatinamente el fluir de la lágrima por dentro del conducto fue incrementando y por momentos necesitaba afianzar bien la micro-cápsula "DM1" para no ser arrastrado por la corriente que por ratos se tornaba fuerte.
Aprovechando ese flujo, "M" logró salir del conducto. Siguió la misión y decidió elevar la nave con rumbo a la parte media y superior de la nariz, en cuya pared lateral están varios orificios que tienen la función de permitir la ventilación de los senos maxilares. Ahí encontró también que el proceso inflamatorio de la membrana que cubre la nariz (mucosa nasal) cerraba el paso, en unos parcialmente, en otros totalmente.
En la etapa final
Nuevamente, utilizando el microláser, se dio a la tarea de permeabilizarlos. La corrección de la desviación del tabique nasal decidió realizarla como etapa final de la encomienda científica. Antonio se encuentra ahora muy bien, sin infección y sin problemas oculares.