No gozan de la comprensión de la mayoría de las mujeres; y de los hombres, porque, no acaban de entender por qué, mes tras mes, la rutina de Elena, Silvia, Manuela, Mayte y Eva se paraliza por algo tan "insignificante" como lo es la menstruación.
La razón es simple: padecen endometriosis, una patología benigna, pero incapacitante, crónica y progresiva, que irrumpe en demasiadas ocasiones de forma brusca y repentina en la vida de las adolescentes y de las que ya no son tan niñas.
Se desconocen sus causas, pese a que un alto índice de mujeres la padece y a pesar del interés que ha despertado en ciertos países europeos como Italia (primer miembro de la UE en reconocerla como enfermedad social y promover su estudio) o, incluso, tras la creación de la Fundación Mundial para la Investigación de la Endometriosis, en 2006.
Origen desconocido
Esta afección se produce cuando el tejido endometrial crece fuera de su sitio (el útero) y se implanta, fundamentalmente, en la cavidad pélvica: ovarios, detrás del útero, en los ligamentos uterinos, en la vejiga o el intestino. Pero sobre todo, significa dolor, mucho dolor, con cada regla o relación sexual y cólicos, calambres, menstruaciones con fuertes hemorragias.
Si no, que le pregunten a Elena, de 34 años, presidenta de Adaem (Asociación de Afectadas de Endometriosis de Madrid), que desde su primera menstruación a los 15, se retuerce cada mes. "No sé lo que es un ciclo sin vomitar, sin desmayarme", asevera la mujer.
Peor que este sufrimiento es el miedo de no poder ser madres: entre un 30% y un 50% de las afectadas es infértil.
La presidenta de Adaem, que no renuncia a tener hijos pese a que ya se ha sometido a un tratamiento de fecundación 'in vitro' sin éxito, rememora que "tras varios ciclos menstruales durísimos, mi madre me dijo que no era normal, que teníamos que ir al médico enseguida".
Nueve años después y luego de diagnosticarle erróneamente colon irritable, apendicitis o incluso, oclusión intestinal, le detectaron endometriosis.
A Manuela, de 41 y madre de una hija, le sucedió lo mismo e incluso tuvo que dejar su trabajo porque "cada regla equivalía al ingreso hospitalario".
Para Eva, de 32, lo más duro de saber fue "asumir que no podría tener hijos de forma natural". Aunque más penoso le resulta que todavía continúen diciéndole eso de "no vales".
"Es muy frustrante que una parte de la sociedad siga castigando a las mujeres cuando son estériles. Conozco a afectadas que no lo dicen porque les da vergüenza", testifica.
Silvia, de 27 años y estudiante de Informática, tuvo que acudir a urgencias en dos ocasiones por los fuertes dolores de la regla. Le dijeron que era apendicitis y al abrirla "me diagnosticaron la enfermedad, pero en aquel momento no me dieron ninguna explicación sobre ella", declara.
Mayte, de 51 años, administrativa y veterana de la enfermedad, por la cual perdió el útero, aconseja que "todas tenemos que ser conscientes de que esto es una enfermedad crónica. Hay que ser positivas e intentar vivir con ella lo mejor posible, porque si no, empeoras". El Mundo.