Escuchamos de forma permanente que es necesario mejorar el sistema educativo. Se hacen evaluaciones y los resultados decepcionan. La preparación no responde a las expectativas de los ciudadanos.
El desgano, la indiferencia, la falta de motivación son las justificaciones de siempre.
El estado ofrece cursos obligatorios para actualizar a los maestros. Los maestros tratan de responder y asisten a cursos impuestos para lograr puntaje y ascender en el escalafón.
Sin embargo, sabemos que ante los fenómenos sociales el maestro tiene que responder a las demandas de sus alumnos, de la familia, de la sociedad y no está preparado para ese nuevo rol.
La mayoría de los padres están ausentes en la educación de los hijos y es en los maestros donde recae la obligación de "hacerse cargo". Ante la falta de padres que cumplan su función, los maestros los relevan.
Así llegamos al caos: los padres se desligan de sus responsabilidades y los maestros tienen que asumir esa obligación sin estar preparados para ese tipo de roles.
Esto trae consecuencias y nuevas conductas: "violencia y acoso escolar", "discriminación social, religiosa e incluso sexual".
El panorama se hace más complejo y aparecen opiniones diversas sin contenido clínico-psicológico-social para mejorar la situación. Surgen programas escolares, sociales, políticos, para controlar el síntoma.
Nadie duda de la buena intención en programas y proyectos y en su difusión, pero no van al meollo.
La corrupción aparece con un nuevo ropaje, los exámenes se aprueban por cambio de favores, surgen materias aprobadas y títulos que habilitan por un dinero extra. No aparecen responsables.
El control se transforma en un boomerang y su efecto se vuelve contra el mismo sistema, en este caso, el educativo.
La observación en las aulas es de todos los días:
-"alumnos que copian y pegan artículos que bajan de internet",
-"powerpoint muy bien ilustrados con equívocos conceptuales",
-"en el aula se habla mucho y se pregunta poco",
-"no saben leer", "no pueden conceptualizar".
¿Quién se hace responsable?, ¿La culpa la tiene el alumno?, ¿el maestro?, ¿la universidad o el sistema?
Para encontrar soluciones debemos atravesar el miedo, fortalecer en nosotros el deseo de cambiar y en los distintos grupos lograr un cambio ético-estructural.
No está todo dicho y como dijera Domingo Faustino Sarmiento refiriéndose al pueblo: "Hay que educar al soberano".